Mujeres Lideres
20 septiembre, 2020
9:59 pm

Ciudad inteligente en año de pandemia

Lilian Paredes
Ingeniera Civil Industrial
Gerente de Smart Araucanía

A lo largo de mi vida profesional he tenido la fortuna de participar en proyectos con un alto impacto social, lo que en verdad no ha sido tan complicado viviendo en la región más pobre del país. Incluso cuando estuve en vereda de empresa privada, logré encontrar ese sentido en lo que hacía y trataba que las decisiones que tomaba tuviesen un impacto positivo en el entorno local.

Eso hasta que hace poco más de dos años me invitaron desde la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Frontera a liderar un proyecto de transformación: un proyecto que pretendía cambiar el rostro de Temuco, transformándolo en una Smartcity, una ciudad inteligente. Pero ¿qué es una ciudad inteligente? ¿Qué hay de sentido social en una ciudad sensorizada, donde se fomenta el desarrollo de aplicaciones con ideas que a menudo parecen tan desconectadas de la realidad de muchos de sus habitantes?

Pues bien, una Smartcity no es otra cosa que una ciudad que pone en el centro a sus habitantes con el fin de mejorar su calidad de vida, que pretende transformar la ciudad en un espacio más amable con todos y no sólo con algunos. Es una ciudad que democratiza el acceso a información y servicios de sus vecinos y permite a los municipios (la Municipalidad de Temuco en este caso) mejorar su gestión, optimizar procesos, generar nuevas maneras de vincularse con sus vecinos, etc. Recién empezamos a descubrir un mundo de posibilidades.

Es verdad que para lograr ese tremendo objetivo la Smartcity se vale muchas veces de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TICs), sensores y otros artilugios, que son conceptos que para muchos pueden parecer distantes o incluso amenazantes; porque implican cambios, desprenderse de viejos hábitos y resolver problemas cotidianos de maneras innovadoras. Pero también es cierto que, si algo nos ha enseñado este año, con una pandemia que nos ha tenido distanciados físicamente desde marzo a la fecha, con un cambio brutal en nuestro estilo de vida, es que de mejor o peor manera todos nos hemos visto obligados a depender de estas tecnologías para seguir comunicados y los más afortunados, seguir contando con una fuente laboral en condiciones no normales, pero posibles. No lo hemos pasado bien, para muchos ha sido un año doloroso en distintos ámbitos: los profesores han debido adaptar sus prácticas pedagógicas y los alumnos y sus familias han enfrentado el año como han podido. Las mamás, entre las que me cuento, nos ha tocado ser profes de física o matemática entre reuniones, correos y llamadas, porque hay que decirlo, a nosotras las mujeres, aunque tengamos cargos de responsabilidad igual que ellos, nos ha tocado más pesado, pero aquí también las tecnologías nos han ayudado. Estoy segura de que a muchas nos ha salvado la vida YouTube para recordar logaritmos, lanzamiento de proyectiles, nomenclaturas en química y no sé cuánto conocimiento más que hace ya bastantes años no utilizábamos. Para qué vamos a decir cuántos…

En otros ámbitos, cada vez más nos estamos acostumbrando a conceptos como telemedicina o webinars. Personas que jamás habrían pensado en no escoger una a una la fruta que compran en el supermercado, se han habituado a las APPs de Delivery, hemos visto audiencias y divorcios por Zoom y, en un extremo que puede parecer hasta macabro, pero que también ha venido a satisfacer una necesidad, incluso hemos visto en las noticias emprendedores que ofrecen servicios de velorios virtuales en otros países.

A nivel local, como proyecto nos ha tocado adaptar nuestros servicios. Creatividad y ganas no han faltado. Hemos virtualizado el acompañamiento a emprendedores, eventos y talleres; tuvimos que cerrar nuestro espacio de cowork, que era lugar de trabajo y reuniones de estudiantes, emprendedores y empresas. Generamos dinámicas de equipo que nos han permitido una buena coordinación y sinergia de las distintas áreas. También ha habido crisis y con esto un crecimiento profesional y personal. En el plano más humano, cómo se echa de menos el poder compartir una taza de té a media mañana con el equipo, poder preguntar a cada uno cómo está, recibir en la oficina a alguien que necesita conversar algo personal o laboral y ayudar, aunque sea con un pequeño consejo cuando era requerido, con la confianza que genera el trato diario con personas que al final se transforma en una especie de segunda familia.

Sí. Este año nos ha hecho a la fuerza más “Smart” en lo tecnológico y espero que también más “Smart” en lo humano y solidario, en tratar con más ganas de aportar con ese objetivo que es tan simple, pero que lo dice todo: trabajar para mejorar la calidad de vida de los habitantes de Temuco.