Mujeres Lideres
29 abril, 2022
7:45 pm

Daniela Parada, socia de Más Mujeres Líderes: “El poder compartir, ayudar, empatizar y generar empleos para mujeres es una satisfacción muy grande, como mujer estoy llena”

Por Catalina Vallejos | Temuco, Chile.

Una de las decisiones más difíciles que se le puede presentar a una persona es el tener que elegir entre dos cosas que quiere. Como mujeres, desde siempre nos hemos visto obligadas a elegir entre nuestra vida laboral y nuestra vida familiar. Si bien es el caso de muchas, no hay ninguna que no sienta empatía frente a este tipo de situación. Así también, lo comprende y comparte Daniela, dueña del Salón de belleza Oh Diosas, ubicado en el stripcenter de la calle Las Encinas. 

Un emprendimiento ligado al mundo de la belleza, que constantemente crece y se perfecciona, pero que también se enfrenta a diversos obstáculos, tal como la pandemia. Sin embargo, de esto también ha nacido un ambiente grato, de confianza y muy familiar donde, tanto Daniela como sus trabajadoras, se sienten mutuamente apoyadas.

¿De qué trata “Oh Diosas”?

—Somos un salón de belleza. Partimos hace seis años aproximadamente y tenemos servicios de estilista, color, alisado, manicure, depilación y corte de cabello. El horario actual es de lunes a domingo de diez de la mañana a siete de la tarde debido al traslado de las personas. 

Nuestro local es parte del stripcenter, por lo mismo, nos regimos bajo el horario y normas de este.

¿Por qué la gente visita más su salón? ¿Qué es lo que más buscan?

— Lo más solicitado es el esmaltado permanente de uñas. Durante el día hay entre 15 a 20 clientas que piden este servicio. También se piden muchas decoloraciones. En base a esto, nosotras subimos a redes sociales todos nuestros trabajos para que la gente los vea, lo que nos ayudó a crecer un 50% más. Entonces, las chicas llegan acá con la foto de lo que quieren y, finalmente, es como luego se van. 

¿Por qué decidió emprender? ¿Cómo partió “Oh Diosas”?

—El por qué decidí emprender, implica mi lado emocional. Mi razón es Julieta, mi hija.

Yo soy ingeniera agrónoma de profesión, pero ejercí muy poco. Luego, al año que salí de la universidad, se me dió la posibilidad de trabajar en farmaceútica. Mi trabajo era en Temuco, pero viajaba mucho… era todo muy movido y demandante.

Todo partió por mi deseo de ser madre. Entonces cuando quedé embarazada, yo sabía que iba a existir un antes y un después en mi trabajo. Sabía que a la empresa no le convenía que yo fuera mamá, entonces sabía también que el panorama se iba a complicar. Aún sabiendo eso, estaba tan contenta de que mi sueño de ser mamá se iba a cumplir, que en lugar de preocuparme por el trabajo que tenía, comencé a ver otras opciones.

Y bueno, tal como lo había pensado, cuando llegó Julieta, a los seis meses de volver a trabajar, me ofrecieron negociar mi renuncia. Y que fome es la situación, pero lamentablemente hay trabajos que, socialmente, son “compatibles” para mujeres y otros que no. Y siempre pasan estos temas en el mundo laboral, pero siempre llega un momento donde estás obligada a decidir entre: si quieres ser mamá y compatibilizar la maternidad con el empleo, o bien tener que renunciar. Entonces yo accedí  a la negociación porque se me era muy difícil continuar con mi vida laboral y cumplir todo lo que la empresa solicitaba. El panorama se me complicaba en ese sentido. 

Todo ha sido un tremendo desafío, pero con resultados muy enriquecedores porque puedo estar mucho más tiempo con mi hija, jugar con ella, compartir con ella… No tanto como quisiera, porque ser emprendedora e independiente te consume tiempo y atención, en mi caso. Pero es bonito poder disfrutar a mi hija y estoy feliz por eso.

Y bueno, paralelamente, Oh Diosas ya existía con anterioridad. Yo venía como clienta cuando estaba embarazada y me atendía con Katy, quién ahora es coordinadora y encargada de local y lleva 6 años con nosotros. Ahí comencé a hablar con ella y las chicas y nació el bichito. Sumado a que yo sabía que no iba a ser compatible mi vida materna con la laboral, entonces ya estaba pensando en una solución para seguir generando ingresos para cuando naciera mi hija. Ahora, si bien el local estaba aquí mismo, yo no lo veía bien… tiraba más para abajo que para arriba. Entonces, con el finiquito de la negociación de mi renuncia, decidí apostar por Oh Diosas y compré el derecho de llaves.

Si bien partimos muy de a poco, creo que hemos conseguido profesionalizar el rubro. Constantemente hay capacitaciones, y por lo mismo comenzamos a trabajar con laboratorios como Loreal y Redquen. Así, constantemente nos estamos actualizando porque los clientes siempre piden más. Por lo mismo, debemos ir aprendiendo más cada día y así poder ir mejorando.

Nuestra idea y base de este negocio, siempre ha sido el trabajar con un capital humano comprometido. Ser un lugar donde nosotros seamos buenos jefes también, donde exista la confianza y la empatía para que todas podamos aprender y apoyarnos mutuamente.

¿Cómo ha sobrellevado las dificultades del último tiempo? Me refiero al estallido social, la pandemia y ahora la inflación.

—Nosotras inauguramos en febrero del 2020 y fue ¡una locura! Mucha gente venía de vuelta del verano y quería arreglarse el pelo, la uñas, etc. Todo se veía maravilloso. Y bueno, con todo esto de la pandemia y las cuarentenas tuvimos que cerrar al poco tiempo después y no podíamos abrir aunque cumpliéramos todas las normas (aforos, distanciamiento, uso de mascarilla, etc)  porque no éramos considerados un servicio esencial.

Fue bastante difícil porque conmigo trabajan ocho chicas y todas vivimos de esto. Ni yo ni ellas nos podíamos quedar de brazos cruzados, entonces ahí entró a jugar el trabajo en equipo. Sin embargo, igual decidí cerrar antes porque prioricé la salud de todas nosotras para que a nadie le pasara algo. Y porque también era peligroso debido al tema de los contagios ya que nosotras trabajamos con mucho público. También, el miedo me paralizó porque nadie sabía nada del virus, todo era nuevo e incierto. Así, todas nos encerramos y cumplimos las cuarentenas a cabalidad. Pero aún así, había mucho que pagar: Cuentas, facturas, proveedores, arriendo… Y no quería dejar a la gente sin pega… Entonces empecé a negociar todo lo que pude. En definitiva, los primeros meses yo no dormí del puro estrés.

Después de la primera cuarentena, a los tres meses más o menos, ya un poco más informadas del tema del Covid-19 y todo lo que significaba, tuvimos una reunión online con las chicas y conversamos sobre la posibilidad de, quien quisiera, prestar servicios a domicilio y decidimos empezar con eso porque no había otra forma. Así subsistimos hasta que nos otorgaron la autorización para poder abrir nuevamente el local y comenzamos a trabajar nuevamente, pero en base a una agenda de horas y obviamente todas las medidas de seguridad. Así nos fuimos organizando. Pero como te decía, lo pasamos mal, con mucho llanto y pena. Fue terrible, pero entre todas nos sosteníamos emocionalmente. La pandemia llegó a golpear todos los parámetros de nuestra vida en todas las formas posibles.

En cuanto a la inflación, no hay stock de los productos y los precios han subido hasta las nubes. Siempre intentamos mantener los precios, pero ahora último se nos ha hecho imposible y he tenido que subirlos porque todo está carísimo, lamentablemente.

Así también, estamos construyendo un nuevo local, y los materiales también están al doble del valor. Es más, recién llevamos la mitad del proyecto construido y ya gastamos el presupuesto completo que habíamos pensado para todo lo que implica hacer la obra completa. Ósea que para terminarlo, vamos a tener que poner mucho más.

Cuéntame sobre tu local nuevo, ¿dónde está?

—En septiembre del año pasado, cuando estábamos avanzando después de la última cuarentena, nos ofrecieron abrir sucursales y ahora estamos trabajando para abrir un local en Labranza, en el stripcenter donde está ubicado el supermercado Santa Isabel.

A mi me gusta mucho generar empleos y que la gente se pueda desarrollar y vaya creciendo. Me llena que podamos ser autosuficientes y trabajar en equipo. Por eso, estamos buscando gente nueva para incorporarlas a nuestro team. 

En base a lo último que te decía, a mí me gusta mucho el liderazgo. De hecho, fue buscando un curso para capacitarme que llegué a Más Mujeres Líderes. Yo estoy fascinada siendo socia, el momento en que ingresé fue crucial. Todas hablábamos el mismo idioma y ver a mujeres que hacen lo mismo que tú y que tienen las mismas intenciones… Eso me motiva.

De hecho, para mí es un orgullo trabajar con mujeres y me llena. Creo que no hay nadie que te entienda y apoye mejor que una mujer. Porque solo nosotras sabemos por todo lo que pasamos y todo lo que es luchar por siempre intentar demostrar que una es mejor, por el simple hecho de que queremos ser madres, o porque simplemente somos mujeres. Por lo mismo, el ambiente laboral es muy bueno. Vivimos de la empatía. Nosotras somos una familia.

Como mujer, ¿qué es lo más bonito de ser emprendedora?

—Sentir que puedes, sentirte empoderada. Claramente sin pasar a llevar a nadie, mucho menos a otras mujeres. El poder compartir, ayudar, empatizar, generar empleos para mujeres es una satisfacción muy grande, como mujer estoy llena.

¿Qué le diría a otras mujeres que quieren emprender o están recién comenzando?

—Yo creo que les diría lo que me dijo mi hermano cuando yo más lo necesitaba. Ese «vamos, tú puedes». El “sí se puede” es muy importante. Pero también es muy importante tener un orden de lo que estás haciendo y organizarse. Les diría que tienen que tener un objetivo claro de lo que quieren lograr sobre lo que quieren hacer. También les diría que no es fácil. Hacerse cargo de tu emprendimiento no es fácil, los desafíos son constantes y las caídas son muchas. Y también que es uno el que tiene que abrirse las puertas y tejer sus redes.

¿Qué le diría a su yo del pasado? ¿A su yo que recién estaba comenzando este camino?

—Le diría mucho. Yo siempre he sido muy acelerada, entonces le diría que las cosas muchas veces tardan, que no suceden en los tiempos que uno quiere. Que teniendo calma, fé y confianza en uno mismo y en lo que va generando en el camino, todo se va dando… Que todo se puede, pero con mucho esfuerzo, perseverancia y amor por lo que uno hace. Finalmente, tienes que vibrar por lo que haces.

Desde que uno cruza la puerta de “Oh Diosas” podemos notar esa buena vibra, cariño y el empoderamiento femenino. Todo en conjunto con un salón muy bonito. Sin embargo, otra cosa de la que nos podemos dar cuenta, tal y como nos comentaba Daniela, es el ambiente familiar. A su vez, la empatía se transmite diariamente y es uno de los pilares bases del funcionamiento de este negocio, el que tiene como finalidad no únicamente el tema monetario, sino que también, apela a las buenas relaciones y el crecimiento humano. Y así lo da a demostrar el equipo cuando le preguntamos qué significaba para ellas trabajar en “Oh Diosas” y con Daniela:

“Para mi, venir a trabajar acá es como una terapia. Todas nos llevamos muy bien, el ambiente entre la jefa y nosotras es muy bueno, entonces es grato venir a trabajar. En realidad Oh Diosas es una familia”. — Kertty Ramires, estilista que lleva 6 años trabajando con Daniela. 

“Ha sido lo mejor. La Dani es la jefa, pero también es una más de nosotras. Siempre buscamos las soluciones a los diferentes problemas. Aquí, yo trabajo tranquila porque hay armonía. En el fondo, somos una familia y es un lugar que ojalá todos conocieran, Nosotras, las clientas y todos cuando llegamos acá nos sentimos tranquilas”. — María Angélica Muñoz, estilista que lleva ocho años trabajando con Daniela.

“Para mí, trabajar aquí y con Dani ha sido un tremendo crecimiento personal y estabilidad. Llegué acá donde empezamos desde cero y formamos una pequeña familia, que es algo que no se logra en cualquier parte. Yo que he trabajado en muchos salones, nunca viví lo que vivo acá ahora, el sentirme apoyada y en familia. Es algo muy valioso”. — Katherine Osorio, coordinadora del local que lleva seis años trabajando con Dani.

 

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