Mujeres Lideres
29 abril, 2022
8:22 pm

Isabel Correa, socia de Más Mujeres Líderes: “Sentí que debía retribuir de alguna manera y ofrecer un servicio a la comunidad para que vivan lo que yo estaba viviendo y compartir esta belleza trascendental”

Por Catalina Vallejos | Temuco, Chile.

Desde siempre, la naturaleza nos ha encantado con sus maravillosos lugares y paisajes. Sin embargo, el sur de nuestro país tiene ese algo especial que lo hace el preferido de muchos turistas nacionales e internacionales.

Por otra parte, con la pandemia, las cuarentenas y el encierro obligatorio, nos dimos cuenta de lo necesario que es pasar tiempos de desconexión, en familia o simplemente no ver el celular durante días. 

Es precisamente por estas razones que, hace 25 años, nace Baita Conguillio, un centro de ecoturismo ubicado al lado del Parque Nacional Conguillio, únicamente separado por el río Truful. Isabel Correa es la gerente y propietaria de este emprendimiento que une la naturaleza y desconexión, ambas en perfecto equilibrio.

¿De qué se trata su emprendimiento?

—Baita Conguillio, inicialmente, nace por la búsqueda de un lugar para la familia. Pero el lugar está en un punto estratégico muy lindo y, al cabo de un año, nos dimos cuenta que no podíamos dejarlo solo para nosotros. Fue entonces que se nos ocurrió la idea de presentar un proyecto y así nos ganamos un financiamiento de Corfo y partimos haciendo ecoturismo, a lo que actualmente se le llama turismo sustentable o regenerativo.

Partimos de a poco construyendo cabañas, hasta que llegamos a las nueve, y en el último periodo hicimos un hotel lodge. Actualmente nuestras instalaciones tienen una capacidad para 70 personas y somos, casi en totalidad, autosustentables, ya que la electricidad con la que nos abastecemos es a base de paneles solares y una pequeña turbina. También somos conscientes del lugar en el que estamos, entonces todo lo puesto en práctica acá, tal como la electricidad, el reciclaje, el lavado de las sábanas, entre muchas otras cosas, es pensado en generar el menor impacto posible basado en una política amigable con el medio ambiente.

La idea de este lugar es también ofrecer la desconexión digital y generar una conexión con la naturaleza. Es más, cuando las personas me preguntaban por la clave wifi, yo les respondía “conéctense con la naturaleza” y la gente lo digitaba como si fuera la clave, pero luego caían en cuenta de que realmente era un “oye, suelta el teléfono”:

Por otra parte, además de ofrecer los servicios de cabaña y hotel, también tenemos restaurante, un spa donde hay tinajas individuales y colectivas, masajes con piedras esenciales y cajones de vapor. También tenemos bicicletas, raquetas de nieve para el invierno, trekking, cabalgatas, entre muchos otros. Además, trabajamos con la comunidad local y emprendedores de la zona, por ejemplo: Contratamos guías locales para excursiones, transporte, etc. Nos preocupamos de reducir la huella de carbono utilizando el recurso local.

¿Por qué llega la gente a Baita Conguillio? ¿Cuál es la razón por lo que más la visitan? ¿Buscan alguna actividad específica o una estadía?

—Yo creo que es porque estamos en el corazón del patrimonio de la biósfera de la araucaria y del primer geoparque de Chile que tiene dos títulos de la UNESCO. Aún así, no contaba con la infraestructura cálida, amigable y confortable con el medio ambiente… Creo que esos son unos de los atributos por los que la gente nos elige. Además por el entorno en que estamos ubicados, por el tipo de servicio que damos, por la gestión amigable con el medio ambiente por el cual nos regimos y también por el prestigio que tenemos porque nosotros damos un servicio muy personalizado y familiar. La idea es hacer sentir a la gente en casa.

¿Por qué decidió emprender? ¿Cómo partió todo?

—La verdad es que partió sin un propósito muy claro, como muchas cosas en mi vida. Antes de esto yo me dedicaba a campañas más sociales. Pero fue cuando compramos este lugar y vimos el potencial que tenía, además de ver que solo nosotros podíamos disfrutarlo, que nació el sueño de poder generar una oferta respetuosa con el medio ambiente. En el fondo, sentí que debía retribuir de alguna manera y ofrecer un servicio a la comunidad para que vivan lo que yo estaba viviendo y compartir esta belleza trascendental. Además de tener un rol más educativo al momento de enseñarle a los que deciden venir aquí, sobre el medio ambiente y el tema cultural local.

Esa fue la principal razón, lo que dio el impulso de partida y por lo que nos hemos mantenido en el tiempo. 

Además, vivir en un espacio así te educa y enseña constantemente porque siempre surgen desafíos, sobre todo de compatibilizar una actividad económica sin dañar el medio ambiente, y la idea es contagiar a la gente de eso.

¿Cómo ha sobrellevado las dificultades del último tiempo? Me refiero al estallido social, la pandemia y, ahora, la inflación.

—Nos ha afectado mucho, pero la historia de la Baita se basa en enfrentar los constantes desafíos: Erupciones, incendios, el terremoto blanco… Han sido muchas cosas, así que de alguna manera el “cuero de chancho” ya lo tengo. Pero en el último periodo, con el estallido cayeron las ventas de una manera impresionante y después vino la pandemia, que nos mantuvo cerrados un año y medio. Conservamos a la gente y en su mayoría todos nos quedamos trabajando y viviendo ahí juntos, nadie fue despedido. Durante ese periodo no ofrecimos servicios, solo vivimos y trabajamos todos juntos como una familia y priorizamos hacer mantenimientos y mejoras en los espacios para poder tener un mejor servicio cuando abriéramos nuevamente.

Recurrí a ahorros para, de alguna manera, poder mantenernos y justo durante ese periodo me gané unos proyectos, los que me ayudaron bastante a crecer y mejorar. De ese modo pudimos enfrentar todos los inconvenientes. 

Luego, cuando el parque volvió a funcionar, nosotros también pudimos abrir y durante ese año nos fue muy bien porque las personas estaban muy desesperadas por salir, entonces aprovechaban cada ventana para llegar. De hecho, muchos se instalaron a pasar períodos más largos combinando el trabajo con vacaciones. Por ejemplo, durante las mañanas trabajaban y en las tardes salían a excursiones, iban a las tinajas o a masajes. 

Como mujer, ¿qué es lo más bonito de ser emprendedora?

—Yo creo que, desde mi experiencia, es evidenciar la conquista de este espacio frente a las mujeres y frente a los hombres porque cuando yo llegué hace 25 años atrás, el ambiente  era muy hostil, y que una mujer fuera emprendedora y tuviera liderazgo era considerado algo muy masculino. 

Por otro lado, está la satisfacción de poder conciliar todos los otros roles tal como la maternidad, la amistad, todo, con un emprendimiento de este tipo que está super aislado.

¿Qué le diría a otras mujeres que quieren emprender o están comenzando?

—Les diría que una de las cosas que más se necesita en esto es la resistencia y que se tiene que cultivar el encanto y el asombro que significa emprender en un ambiente como este donde, en el fondo, tu principal aliado es la naturaleza. Todo va en la observación y el asombro constante para poder nutrirte y no desfallecer con todas las dificultades que te vas a encontrar en el camino.

¿Qué le diría a su yo del pasado, como mujer, que recién estaba comenzando este camino?

—Primero, le golpearía la espalda y le diría “bien, lo has hecho súper bien”. Me felicitaría en alguna medida. También le diría que se tomara las cosas con un poco más de calma, que no sea impaciente y que no pretenda que los resultados van a ser inmediatos. Que debe ser paciente, constante y confiar en el proceso porque cuando uno hace las cosas bien, el resultado no puede ser malo.